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martes, 16 de febrero de 2016

Calles de Madrid

1)
Un día caí
por la calle del Bonetillo,
por la espalda del mundo.

Desapareció el Sol y el miedo,
las bóvedas y la pintura aislante.

Fueron años de verdor y lágrima,
de luz tenue y rima rosada.
Años de andamios y basura
acumulándose en la puerta.

Cuando alcancé el palacio,
supe que había muerto.


2)
Tú naciste en Cascorro,
con los zapatos nuevos de un rojo reluciente
y la camisa tres veces desabotonada
para saber mostrar el vello y el oro
en esa amalgama de poder atávica.

Juegos de pelotas que hablan solas,
recreativos sin un céntimo,
perros clonados atados a ombligos con piercing
y tatuajes como dios manda.

Olor a gallinejas y baba de caracol,
gentío, bocadillos de chorizo,
cajas de carton a los pies del héroe,
palomas negras señaladas por neurasténicos,
vecinos que no saben ver el mundo
con ojos sin alcoholizar,
fritanga y zapateados, balcones indiscretos.

Tú naciste gitano, desheredado, subsidiado, chamarilero,
entre las dos medianeras de entrebarrios;
y qué orgullo sientes.

sábado, 3 de enero de 2015

Poemas de Cádiz

VIENTO LEVANTE

Tan lejos de la arena como del hormigón…
No existe ningún mundo, ningún rincón
donde respire el corazón y pueda dejarse morir.
Siempre habrá un humano salvándolo
en el último instante.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Versos de la Arcadia

1

Regreso al pueblo,
a la casa de piedra y al macizo hespérico,
al paseo de oxígeno, al fresquito nocturno,
a la fresca con vino sucio,
al jazz desde las esquinas,
a los lugares donde dejar pasar los dolores
y las tensiones.

La Arcadia perdida entre curvas y picos
sirve de cuna ahora,
como sirvió ayer de origen del mundo.

martes, 30 de diciembre de 2014

Poemas de Nauplia

1

Refugio Nauplia,
no cejas en tu ansia de servir de posada
en toda ruta por le Peloponeso.

Desde tu cielo volvemos a contemplar
a Atlas sujetándonos con su cordel.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Poemas de Santiago de Compostela

PIEDRA Y LLUVIA

No sé si quiero recuperar tus pulsos.
Necesito comprenderme en tus arrugas
y en tu paso lento de sobrio gusto por la soledad.

También los ojos cambian,
inútiles frente a la lluvia eterna. ¿Me recuerdas?